Quizá el camino del arte occidental haya sido solo el viaje iniciático del “artista como etnógrafo” (Hal Foster) al artista como chamán. De recopilador de tribalismos a heredero de una ancestral tradición espiritual. Y quizá haya llegado también el momento de que el artista de la era de la globalización se reconozca y se proclame como el último salvaje.
El antropólogo mejicano Roger Bartra, que ha explorado las afinidades secretas del mito del salvaje, considera que la percepción cultural del indígena americano es, en gran medida, una proyección del mito del salvaje europeo. Un juego de espejos en el que bajo los rasgos del ‘indio’ descubrimos la mirada de basajaun.
El pintor
Koldo Agarraberes ha elegido esta vía de autodescubrimiento que conecta con la vertiente irracionalista del arte moderno; del surrealismo al neoexpresionismo, del primitivismo al art brut, del land art al graffiti. Sigue -parafraseando el título de una reciente exposición- la senda de los ‘maestros del caos’, para concluir que el mejor maestro es el ‘salvaje interior’ que bulle dentro de todo creador.
Retratos como máscaras, figuras tatuadas con líneas negras sobre el lienzo, madonnas como diosas-totem; ensoñaciones de ese salvaje que lucha por renacer en tiempos salvajes.
Porque los tiempos que nos ha tocado vivir son propicios. La crisis que está arrasando con el frágil estado del bienestar, esto es, la civilización, es un reclamo para que el ciudadano, ese buen salvaje domesticado por la prosperidad, se rebele. Y en este sentido también conecta con la faceta activista e indignada de Koldo Agarraberes, capaz tanto de convocar a Mari, encarnación de la naturaleza primigenia, como de empapelar las calles con las siluetas de nuestros políticos lanzando su torvo grito de amo colonial “Fuck You!”, para excitar nuestro empoderamiento…
Cuando todo se derrumba, el artista contemporáneo, ese salvaje maleado y aprendiz de chamán, ha de encabezar la rebelión a la busca de una vida más sencilla, más natural y más justa, con gestos rituales y refundadores como esta exposición.
“Paraísos mentales” que hemos de conquistar para instaurar un presente alternativo.